
Las rabietas y las crisis emocionales son una de las situaciones más estresantes a las que se enfrentan los padres con sus hijos. Casi todos los niños, independientemente de su edad o de si tienen alguna discapacidad, sufren rabietas de vez en cuando. Por supuesto, la intensidad y la frecuencia de estas rabietas varían bastante de un niño a otro. Algunos niños solo tienen una rabieta de vez en cuando, mientras que otros pueden tenerlas con mucha frecuencia, incluso semanalmente o a veces a diario, hasta llegar a la infancia media. Los adolescentes también pueden tener rabietas, aunque es probable que las crisis emocionales en un adolescente se manifiesten de forma diferente a como lo hacían durante la primera y la media infancia.
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Las rabietas en los niños con TEA
En el caso de los niños con discapacidad, incluidos los que padecen un trastorno del espectro autista (TEA), las rabietas o las crisis emocionales pueden producirse con mucha frecuencia. Las razones son muchas. Desde la sobrecarga sensorial hasta el refuerzo de determinadas conductas, pasando por la falta de desarrollo de habilidades en áreas concretas, los niños con autismo pueden presentar una elevada frecuencia de arrebatos.
Cada niño es único. Lo que funciona para detener o prevenir la rabieta de un niño puede que no funcione con otro. Sin embargo, hay algunos aspectos que es importante tener en cuenta con todos los niños a la hora de intentar ayudarles a gestionar sus comportamientos problemáticos. También existen algunas estrategias de intervención que, si se utilizan de forma adecuada, tienen muchas posibilidades de ayudar a cualquier niño. Analizaremos algunas recomendaciones sobre cómo tú, como padre, madre o cuidador de un niño con autismo, puedes ayudar a reducir las rabietas o las crisis emocionales que sufre tu hijo.
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La razón que explica el comportamiento: la función
A la hora de gestionar las rabietas de tu hijo, puede resultar útil comprender la razón que hay detrás de su comportamiento. ¿Por qué crees que tu hijo se comporta así? Para ayudarte a comprender mejor el comportamiento de tu hijo, ten en cuenta lo siguiente:
- Antecedente
- Un antecedente es algo que ocurre antes de que se produzca un comportamiento. Por lo tanto, fíjate bien en lo que ocurre justo antes de que tu hijo tenga una rabieta. ¿Alguien le ha dicho a tu hijo que no podía tener algo? ¿Le han dicho que tenía que dejar de hacer algo que quiere seguir haciendo (como jugar a los videojuegos)?
- Comportamiento
- ¿Cómo se manifiesta una rabieta? Si tienes claro en qué consiste una rabieta y eres capaz de describir cómo se manifiesta en tu hijo, te resultará más fácil darte cuenta de si está progresando y tiene cada vez menos rabietas y de menor intensidad. Además, podrás centrarte mejor en los comportamientos que no quieres que tu hijo tenga e identificar aquellos que se pueden ignorar, abordar o fomentar.
- Consecuencia
- ¿Qué ocurre después de que tu hijo tenga una rabieta o una crisis? ¿Cómo reaccionan las personas que están a su alrededor ante la rabieta? ¿Qué hace tu hijo? ¿A qué tiene acceso? Comprender las consecuencias (lo que ocurre después de la rabieta) te ayudará a entender qué es lo que podría estar reforzando las rabietas de tu hijo.
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Las cuatro funciones del comportamiento
Piensa si los comportamientos de tu hijo podrían deberse a una de las cuatro funciones del comportamiento. Las cuatro funciones del comportamiento se refieren a las cuatro posibles razones por las que una persona se comporta de una forma u otra. Estas cuatro funciones son:
- Acceso (obtener algo)
- Atención (llamar la atención; puede ser «buena» o «mala» atención)
- Escapar (para librarse de hacer algo o para evitar algo)
- Refuerzo automático (también conocido a veces como «estimulación sensorial»)
Otros aspectos a tener en cuenta
Además de los antecedentes y las consecuencias relacionadas con una conducta, es importante tener en cuenta lo siguiente a la hora de ayudar a tu hijo a controlar las rabietas.
- Necesidades básicas
- ¿Cómo ha estado su hijo en lo que respecta a sus necesidades básicas? Esto incluye aspectos como el sueño, el hambre y las oportunidades para canalizar su energía física o moverse. Cuando las necesidades básicas no se satisfacen adecuadamente, las crisis pueden producirse con mayor frecuencia o ser más intensas.
- Acontecimientos situacionales
- ¿Ha cambiado algo en la rutina diaria de tu hijo? ¿Ha ocurrido algún acontecimiento inesperado recientemente? Este tipo de cambios pueden aumentar la probabilidad de que tu hijo tenga una rabieta.
Sé proactivo: utiliza intervenciones antecedentes
Aunque pueda parecer que no estás abordando directamente las rabietas de tu hijo, ser proactivo es una de las cosas más importantes que puedes hacer para reducir la frecuencia con la que tu hijo tiene una rabieta. Por ejemplo, podrías establecer un horario diario que incluya los momentos en los que puede utilizar los dispositivos electrónicos, para evitar las rabietas relacionadas con el hecho de que tu hijo no pueda acceder a ellos siempre que quiera.
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Recompensar un comportamiento alternativo y adecuado: refuerzo positivo

En lugar de centrarte únicamente en lo que tu hijo hace «mal», céntrate en lo que hace «bien». Tómate un tiempo para pensar en lo que crees que tu hijo debería hacer para evitar que tenga una rabieta. Sean cuales sean los comportamientos problemáticos concretos de tu hijo, ¿qué te gustaría que hiciera en su lugar? ¿Qué comportamiento crees que sería más adecuado y aceptable para tu hijo en la situación que suele provocar una rabieta? Si tu hijo tiene una rabieta a la hora de hacer los deberes o de limpiar su habitación, ¿qué comportamiento debería adoptar en su lugar?
Una vez que hayas identificado los posibles comportamientos que tu hijo debería adoptar en lugar de los comportamientos problemáticos, planifica cómo puede obtener un refuerzo positivo por esos comportamientos sustitutivos. El refuerzo positivo es algo que se produce tras un comportamiento y que aumenta la probabilidad de que ese comportamiento se repita, como por ejemplo, recompensar un «buen comportamiento».
Facilitar el comportamiento «correcto» y reducir el esfuerzo que supone la respuesta
Es posible que tengas que empezar por pasos muy pequeños a la hora de reforzar los comportamientos sustitutivos. Por ejemplo, si tu hijo tiene que limpiar su habitación cuando se lo pides, quizá tengas que dividir la tarea de limpiar su habitación en pasos muy pequeños y, a continuación, reforzar cada uno de esos pequeños pasos de uno en uno, mientras vas trabajando poco a poco para que tu hijo realice la tarea completa.
Reducir el esfuerzo de respuesta consiste en facilitar a tu hijo el comportamiento más adecuado. Esto podría consistir en simplificar la tarea que debe realizar, por ejemplo, dándole una hoja de deberes más fácil o menos problemas que resolver. Otro ejemplo es colocar un icono con la imagen de «ayúdame» o «descanso» cerca de tu hijo, para que pueda utilizar fácilmente estos iconos para expresarse en lugar de tener una crisis cuando esté estresado.
Uso de indicaciones y apoyos visuales

A veces, puede resultar útil echarle una mano a tu hijo para que se calme o adopte un comportamiento alternativo cuando está teniendo una crisis. Incluso podrías echarle una mano si prevés que su comportamiento podría empezar a agravarse.
Una forma de ofrecer ayuda adicional es recordarle verbalmente a tu hijo qué puede hacer ante una situación que pueda desencadenar una crisis. Por ejemplo, puedes decirle: «Recuerda que puedes pedir ayuda» cuando esté haciendo los deberes, para recordarle que utilice la habilidad de pedir ayuda en lugar de sentirse demasiado abrumado por los deberes, lo que podría provocar una crisis.
También puedes utilizar apoyos visuales, como tableros de normas o horarios, que le recuerden a tu hijo cuáles son las expectativas establecidas. Por ejemplo, si tu hijo tiene rabietas porque no puede usar la tableta, podrías utilizar un «tablero de primero/luego» que le muestre que tiene que hacer algo antes de poder usar la tableta.
Ayuda adicional para gestionar las rabietas de tu hijo
Si necesitas más ayuda para gestionar las rabietas o las crisis emocionales de tu hijo, ponte en contacto con Behavioral Innovations. Nuestros experimentados analistas conductuales pueden ayudarte a elaborar un plan de intervención conductual personalizado que se adapte a tu hijo, basándose en sus necesidades específicas, sus capacidades y los comportamientos que te preocupan.Ponte en contacto con nosotros rellenando un breve formularioo llamando al 855-782-7822.