¿Qué es exactamente el autismo o el TEA (trastorno del espectro autista)? ¿Cuáles son los rasgos más comunes asociados al autismo?
Los signos y síntomas relacionados con el trastorno del espectro autista (TEA) varían de una persona a otra, pero hay algunos rasgos que son más comunes y frecuentes entre las personas que padecen esta afección. Repasaremos las características más comunes del autismo y compartiremos ejemplos reales de cómo pueden manifestarse estas en niños y adultos con trastorno del espectro autista.
El trastorno del espectro autista se conoce a veces como «autismo» o «TEA». El autismo se define oficialmente a partir de las características que se recogen en lo que se conoce como el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM). Más concretamente, el DSM-5, que es la quinta edición del DSM, enumera los rasgos comunes asociados al autismo.
El DSM es una herramienta que utilizan los profesionales médicos y clínicos, especialmente en Estados Unidos, para diagnosticar y comunicar los trastornos o diagnósticos relacionados con la salud mental y conductual, incluido el TEA (Regier, Kuhl y Kupfer, 2013). Cualquier persona a la que se le haya diagnosticado autismo presentará algunos rasgos o comportamientos asociados a cada una de las características que figuran en la descripción del TEA en el DSM-5.
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Analicemos algunos de los rasgos más comunes asociados al autismo. Aunque cada persona es diferente y cada individuo experimenta los rasgos del autismo a su manera, hay algunas características comunes a todas las personas que padecen un trastorno del espectro autista.
Existen dos categorías principales de rasgos característicos de las personas con autismo. Entre ellos se incluyen los siguientes (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013):
Estas características son déficits de habilidades, lo que significa que la persona presenta un retraso en el desarrollo de determinadas habilidades o que estas no se han desarrollado, o bien que se trata simplemente de habilidades o comportamientos diferentes a los de las personas sin autismo.
Entre los rasgos comunes que pueden presentarse en un niño o incluso en un adulto con autismo se incluyen aspectos como la dificultad para comunicarse con los demás, diferencias en la forma en que la persona lee, interpreta y responde a la comunicación no verbal y a las señales, y dificultades relacionadas con establecer y mantener relaciones. A continuación, analizaremos estos rasgos comunes del TEA con más detalle.
Reciprocidad socioemocional
Una característica común de las personas con TEA relacionada con la reciprocidad socioemocional es la dificultad para iniciar o mantener una conversación. Al niño (o al adulto) con autismo le puede resultar difícil acercarse a otra persona y empezar a hablar con ella. Es posible que no le guste mucho hablar y prefiera mantenerse al margen. Por otro lado, algunaspersonas con autismopueden hablar en exceso y no saber cuándo dejar que la otra persona tome la palabra.
Las personas con autismo también pueden tener dificultades para compartir lo que piensan o sienten con los demás. Esto puede deberse a diversas razones. Puede que les resulte difícil expresarse verbalmente o que prefieran guardarse sus pensamientos para sí mismas; pero, a veces, es posible que quieran compartir sus experiencias con los demás, aunque no estén seguras de cómo hacerlo de forma eficaz. A las personas con autismo les puede resultar difícil identificar y hablar de sus emociones, así como encontrar las palabras adecuadas cuando intentan explicar algo.
Otro síntoma habitual del autismo es la reticencia a iniciar interacciones sociales. Un niño o un adulto con autismo puede sentirse incómodo al acercarse a otra persona. Esta incomodidad puede deberse a que no sabe cómo comportarse físicamente, hacia dónde mirar o qué decir. Esta reacción también puede manifestarse cuando es otra persona la que se acerca a él.
Comunicación no verbal
El investigador en comunicaciónAlbert Mehrabiandesarrolló la regla del 7-38-55 sobre la naturaleza de la comunicación. Según su teoría, la comunicación eficaz se compone de un 7 % de palabras verbales, un 38 % de tono de voz y un 55 % de comunicación no verbal (Mehrabian, 1967). Las personas con autismo suelen tener dificultades con la comunicación no verbal.
A los niños y adultos con autismo les puede resultar incómodo establecer contacto visual con otras personas y les puede costar saber cómo comportarse físicamente cuando están rodeados de gente. Es posible que no se den cuenta de cómo interpretan los demás su lenguaje corporal y que les cueste interpretar el de los demás. Por ejemplo, un niño con autismo puede no darse cuenta de que, cuando apoya la cabeza sobre el pupitre en el colegio, el profesor puede interpretar que no está prestando atención a la clase, aunque en realidad sí lo esté haciendo. Otro ejemplo de cómo el autismo puede contribuir a las dificultades con el lenguaje corporal y la comunicación no verbal es cuando una persona con autismo ve pasar a otra persona que le sonríe y le saluda con la mano, pero no responde a esa expresión no verbal. Muchas personas sonreirían y devolverían el saludo como respuesta al comportamiento social expresado por la otra persona (siempre que sea en una situación y de una manera adecuadas, por supuesto).
Por otro lado, aunque la persona con autismo comprenda estas interacciones sociales típicas, puede que prefiera no participar en ellas o que, simplemente, por naturaleza, no lo haga de la misma forma que el resto de personas. Por ejemplo, incluso cuando se lo está pasando bien en un grupo con amigos, puede que no sonría ni se ría tanto como sus amigos, a pesar de estar pasándolo bien. Por supuesto, esto no es así en todos los casos de niños con autismo, ya que algunos se ríen y sonríen a menudo, incluso cuando los demás no lo hacen.
Desarrollar y mantener relaciones
Las dificultades relacionadas con el establecimiento, el mantenimiento y la comprensión de las relaciones son otro rasgo común que comparten los niños y los adultos con autismo.
A las personas con autismo les puede resultar difícil adaptar su comportamiento al contexto social en el que se encuentran. Esto puede manifestarse, por ejemplo, en un niño que no modifica el tono de voz cuando está en la biblioteca o en casa, sino que utiliza su «voz de fuera», habla muy alto y se expresa con mucha energía.
También es habitual que muchas personas con autismo tengan un número limitado de amigos. Aquellas que cuentan con un círculo social amplio pueden seguir teniendo algunas dificultades en esas relaciones y es posible que necesiten encontrar formas de sentirse cómodas e interactuar con sus amigos de una manera que se adapte a sus necesidades e intereses. Quizá observes que un niño pequeño con TEA no comparte sus juguetes con otros niños con tanta frecuencia como lo hacen los demás. O quizá veas a un niño con TEA que se mantiene al margen en clase porque le cuesta iniciar interacciones sociales o mantener amistades, y le resulta difícil estar en un entorno grupal.
Una característica común en las personas con autismo son los denominados patrones restringidos o repetitivos de comportamiento, intereses o actividades. A veces, esto se abrevia como «comportamientos restringidos y repetitivos» o «RRB». En ocasiones, también se oye el término «estereotipia» o «comportamientos estereotípicos», que también se engloba dentro de esta categoría de comportamientos.
Movimientos motores estereotipados o repetitivos, uso de objetos o habla
Algunos ejemplos de comportamientos repetitivos y restrictivos (RRB) que puedes observar en niños y adultos con autismo son los movimientos repetitivos. Estos pueden consistir en balancearse hacia adelante y hacia atrás, agitar los brazos o dar vueltas por la habitación. Es habitual que una persona con autismo utilice los objetos de una forma muy concreta o incluso de manera repetitiva. Por ejemplo, pueden formar una fila muy larga con un determinado tipo de objeto, como coches de juguete, tarjetas didácticas o bloques. También pueden centrarse en una parte concreta de un objeto, como hacer girar la rueda y observar cómo se mueve durante largos periodos de tiempo.
Los RRB también pueden manifestarse en la forma de hablar de una persona. Es posible que repitan palabra por palabra lo que dice otra persona. A esto se le llama ecolalia. Por ejemplo, puede darse cuando un niño repite la pregunta a la persona que se la ha formulado. Si la madre del niño le pregunta: «¿Quieres un poco de zumo?», un niño con ecolalia podría responder «zumo». Otro ejemplo de ecolalia es cuando un niño repite lo que oye en la televisión o en un vídeo.
Insistencia en la uniformidad, las rutinas o los patrones de comportamiento ritualizados
Casi todo el mundo es una persona de costumbres en algunos aspectos de su vida. La rutina aporta una sensación de estabilidad a la mayoría, pero las personas con trastornos del espectro autista pueden sentirse incómodas o incluso alteradas ante pequeños cambios que se producen en su rutina diaria o respecto a lo que esperaban que sucediera. Es posible que se sientan más cómodas que otras personas realizando las mismas actividades cada día y haciendo las cosas siempre de la misma manera. Por ejemplo, pueden enfadarse si otra persona ocupa su sitio, el sitio en el que suelen sentarse, ya sea en la mesa o en el autobús escolar. Los hábitos alimenticios selectivos también pueden ser un síntoma del TEA. Un niño puede tener unos pocos alimentos que come y espera que se le sirvan todos los días.
A las personas con autismo también les puede resultar difícil o estresante pasar de una actividad a otra o de un entorno a otro. Esto se puede observar, por ejemplo, en un niño al que le cuesta mucho salir de casa y subirse al coche cuando sus padres le piden que lo haga. También se puede observar cuando alguien está concentrado en algo que le interesa, como ver un vídeo sobre el espacio —si es algo que le apasiona—, y le cuesta mucho dejar esa actividad y pasar a otra cosa.
Intereses muy limitados y obsesivos
Otra característica del autismo es tener intereses muy marcados. Esto significa que la persona tiene uno o varios temas que le interesan enormemente. Es posible que le resulte difícil prestar atención a otros temas o entablar conversaciones con otras personas sobre asuntos que no estén relacionados con sus propios intereses.
Experiencias sensoriales
Las personas con autismo pueden presentar comportamientos específicos relacionados con los sentidos, como oler o tocar objetos de forma excesiva, o sentir una fascinación visual por las luces o por determinados sonidos. También es habitual que las personas con autismo muestren hiperreactividad o hiporreactividad ante las experiencias sensoriales.
En resumen, los rasgos más comunes del autismo incluyen comportamientos relacionados con la comunicación y la interacción social, como las dificultades en la reciprocidad socioemocional, la comunicación no verbal y el establecimiento y mantenimiento de relaciones.
Además, las personas con autismo suelen presentar comportamientos, intereses o actividades restringidos o repetitivos, como realizar movimientos motores repetitivos, preferir las rutinas, tener intereses fijos y mostrar una hiporreactividad o hiperreactividad ante los estímulos sensoriales.
Los niños y los adultos con trastorno del espectro autista son personas extraordinarias que, en ocasiones, tienen dificultades en el ámbito de las interacciones sociales y la comunicación con los demás. También presentan comportamientos específicos que les ayudan a regular sus experiencias sensoriales. Pueden mostrar comportamientos diferentes a los de la mayoría de las personas, y algunas de esas diferencias pueden suponerles estrés en su vida cotidiana. Sin embargo, con el apoyo y la orientación adecuados para crear una vida que se adapte a sus necesidades, pueden prosperar y desarrollar todo su potencial personal en su día a día.
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Referencia:
Asociación Americana de Psiquiatría. (2013).Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales(5.ª ed.). Arlington, VA: Autor.
Mehrabian, A.; Ferris, S. R. «Inferencia de actitudes a partir de la comunicación no verbal en dos canales». J Consult Psychol. 1967;31(3):248–252. https://psycnet.apa.org/doiLanding?doi=10.1037%2Fh0024648
Park, S. G. y Park, K. H. (2018). Correlación entre la comunicación no verbal y la puntuación en el examen clínico estructurado objetivo en estudiantes de medicina.Revista coreana de educación médica,30(3), 199-208. http://kjme.kr/journal/view.php?doi=10.3946/kjme.2018.94
Regier, D. A., Kuhl, E. A. y Kupfer, D. J. (2013). El DSM-5: cambios en la clasificación y los criterios.World Psychiatry: revista oficial de la Asociación Mundial de Psiquiatría (WPA),12(2), 92-98. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/wps.20050
«Mensajes silenciosos»: una gran cantidad de información sobre la comunicación no verbal (lenguaje corporal). Albert Mehrabian. Pruebas y programas informáticos sobre personalidad y emociones: libros y artículos de psicología de interés general. Los Ángeles, California: autoeditado. 2009 (tDAR id: 423961)