Uno de los valores más importantes que podemos transmitir a nuestros hijos es el de ser considerados con los demás. Enseñar a tu hijo que compartir con los demás es una forma de hacerles sentir bien le ayudará a desarrollar su sentido de la empatía y la compasión, así como sus valores morales.
Veamos algunas formas en las que puedes fomentar el espíritu de generosidad en tu hijo con autismo.
Lo más importante que pueden hacer los padres para ayudar a sus hijos a desarrollar el sentido de la generosidad y la ayuda al prójimo es ser un modelo a seguir positivo. Los niños aprenden una gran variedad de habilidades y rasgos de carácter de sus padres simplemente viéndolos y observándolos.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que es posible que algunos niños no capten el mensaje que intentas transmitirles, sobre todo si tienen autismo. A pesar de este reto, sigue siendo posible influir en ellos a través de tus comportamientos y de lo que te ven hacer habitualmente. Si, en general, te muestras servicial con los demás y adoptas comportamientos serviciales delante de tu hijo, es más probable que él también desarrolle esos rasgos de carácter.
Otro consejo importante para inculcar en tus hijos el espíritu de generosidad y ayuda es incorporar el concepto de ser servicial en vuestra vida familiar. Piensa en cómo interactuáis tú y tus hijos entre vosotros y en cómo interactúan tus hijos entre sí.
Intenta fijarte en los momentos en los que tus hijos tienen comportamientos positivos e intenta animarlos. Habla con ellos sobre por qué es importante ayudarse unos a otros y busca formas concretas en las que tus hijos puedan ayudarse entre sí y a su familia.
Un ejemplo de ello es cuando tus hijos participan en las tareas domésticas. Esto supone una ayuda para la familia. Cuando un hermano pequeño necesita ayuda con los deberes, es posible que un hermano mayor pueda echarle una mano. Si un niño está realizando una tarea algo complicada, como recoger los juguetes del salón, es posible que otro niño eche una mano. Este es un ejemplo de comportamiento solidario. Podrías animar a tus hijos a compartir entre ellos, lo cual también está relacionado con el concepto de dar.
Cuando intentes ayudar a tus hijos a desarrollar un espíritu de generosidad y disposición a ayudar, céntrate en cómo puedes reforzar este tipo de comportamientos. Para ello, mantente atento y sé consciente de cómo interactúan tus hijos con los demás y de cómo piensan sobre ellos.
Refuerza sus comportamientos de ayuda de una forma más formal y estructurada, por ejemplo, utilizando un tablero de fichas o una tabla de pegatinas, y recompénsalos cuando observes que están ayudando. Pueden ganarse un premio o una recompensa al alcanzar un número determinado de fichas o pegatinas.
También puedes reforzar estos comportamientos mediante elogios y reconocimientos verbales. Hazles saber que te das cuenta de sus comportamientos serviciales y que los valoras.
Sigue fomentando y reforzando el hábito de compartir en tu familia. Por ejemplo, si ves que tu hijo comparte sus juguetes con su hermano pequeño, podrías compartir un tentempié con él.
Esto les permite reconocer el gesto y darse cuenta de lo que se siente al recibir ayuda. Al señalar la ayuda que reciben de los demás, les estás ayudando a darse cuenta de esta forma de interactuar. Al mostrarles cómo les beneficia, puedes ayudarles a comprender mejor por qué sería una buena idea que se mostraran serviciales y amables con los demás.
Ayuda a tu hijo a reconocer las necesidades y los sentimientos de los demás. Practica preguntándole cómo se sienten los demás e identificando las emociones, tanto en ti mismo como en sus hermanos. Ayuda a tu hijo a practicar la identificación de los sentimientos de las personas o los personajes de las series de televisión o las películas, y a aplicar esa identificación a la vida real.
Háblales de las personas que pasan hambre o que no tienen hogar, y de cómo les vendría bien recibir regalos durante las fiestas. Esto podría dar pie a una conversación sobre la solidaridad a nivel comunitario, de modo que tu hijo pueda participar en iniciativas benéficas cuando sea mayor.
Fomenta la generosidad y la ayuda a los demás creando tradiciones familiares que incorporen estos conceptos. Hacer regalos es una actividad habitual durante las fiestas. Céntrate en dar a los demás y enséñales a estar agradecidos por lo que reciben.
Crea tradiciones familiares que incluyan actividades solidarias, como el voluntariado, las donaciones a organizaciones locales y la ayuda a la comunidad o a amigos y familiares de formas concretas.
A la hora de ayudar a tu hijo con autismo a desarrollar el espíritu de generosidad, puede resultar útil establecer objetivos concretos. Esto dependerá de las capacidades y necesidades de tu hijo. Piensa en qué comportamientos o acciones concretas podría aprender a realizar tu hijo, en función de su edad. Por ejemplo, enseña a los niños más pequeños a preguntar: «¿Cómo puedo ayudarte?» o «¿Necesitas ayuda?». Ayude a los niños mayores fijándoles el objetivo de donar un número determinado de artículos a refugios de animales o de dedicar unas horas a un banco de alimentos local.
Aunque algunas personas puedan pensar que las personas con autismo no son consideradas con los demás, se trata de un estereotipo injusto. Las personas con autismo pueden ser compasivas y serviciales con los demás. Algunas personas con autismo pueden incluso tener mucho más en cuenta las necesidades de los demás que las propias.
A veces, los rasgos del autismo sí que dificultan actuar de forma servicial. Las dificultades de comunicación o los problemas sensoriales pueden hacer que a las personas con autismo les resulte abrumador socializar en entornos grupales o hacer cosas que se salgan de su rutina habitual. Las personas con autismo pueden aprender a aceptarse a sí mismas y a encontrar formas de sentirse cómodas, al tiempo que se muestran consideradas y serviciales con los demás.